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lunes, 28 de agosto de 2017

Reseña: "El Mochilero"

¡Hola, literatómanos!
¿Qué tal os va? Acabo de regresar de la playa, y tengo unas cuantas entradas pendientes, que ya iré publicando en las próximas semanas.

Ahora bien, me he pensado bastante si hacer o no esta reseña. Porque sé que puede resultar, en cierta manera, incómoda. Pero, finalmente, me he decidido por hacerla, y por ser sincera. Espero que os sirva.





Título: El Mochilero
Autor: John Harris
Editorial: Varasek Ediciones
Traductor: Juan Romero
Fecha de publicación: 2001
Número de páginas: 397



El mochilero (The Backpacker) se convirtió en el libro de culto de los mochileros desde su aparición en 2001. Varasek ediciones publica por primera vez en castellano esta joya, no solo de la literatura de viajes más visceral y moderna, sino también una narración apasionante donde el protagonista, el propio autor, John Harris, nos acerca a los paraísos reales y artificiales del sudeste asiáticos y los mares del sur. Una narración adictiva, un thriller que se hermana con la mejor novela de aventuras al estilo de los grandes clásicos del género, como Salgari. Comparada con La playa, protagonizada por Leonardo Di Caprio, El mochilero se distingue de esta porque se trata de una historia verdadera.

Cinco cosas que todo el mundo debería hacer antes de morir:
1. Hacer el amor en la playa de una isla tropical desierta.
2. Saltar de un avión en caída libre.
3. Hacer sumbarinismo en un pecio por la noche bajo la luz de una tormenta.
4. Conducir de noche en una ciudad con un descapotable.
5. Hacer surf sobre una ola sin romper en un arrecife tropical mar adentro.



El libro de culto de los mochileros... Pese a que, en cierto modo, he disfrutado de este libro, creo que no tengo mucho interés en conocer a alguien que considere a este como su "libro de culto". O, traducido, un libro con las claves para vivir tu vida.

Pero empecemos por el principio. Compré este libro en un pueblecito llamado Urueña. Es la única "villa del libro" de España, y es un lugar encantador que se merece una entrada aparte. Lo encontré en una librería decorada con máquinas de escribir antiguas y otras preciosidades, atendida por una amable pareja de periodistas con los que tuvimos la ocasión de hablar de viajes fascinantes y experiencias increíbles. Cuando vi este libro, me encandiló. Tenía muchas ganas de atreverme con la literatura de viajes, con una lectura empapada de libertad, y el hecho de que fuera un libro tan aplaudido hizo que mis expectativas fueran muy altas.

Creo que el miedo retiene a la gente en vidas mundanas. Miedo a la libertad, miedo a la soledad. Es un opio poderoso.

Como bien dice en la sinopsis, el libro cuenta las peripecias de John Harris, autor y mochilero, por el sudeste de Asia. Todo empieza como unas vacaciones en la India con su novia, pero finalmente acaba yéndose solo, y mucho más lejos. Llega hasta Tailandia, Malasia, Singapur, Australia... Pasa años viajando, con la compañía de dos improvisados amigos del alma, y de todos aquellos con quienes va encontrándose.


Al principio, me gustó mucho. Me pareció que, como novela de aventuras, no tenía precio. Me gustan las escenas trepidantes, llenas de acción y de movimiento, así como las reflexiones del autor sobre la rutina, la libertad, la amistad. También me llaman mucho la atención la cantidad de lugares que describe, y la forma que tiene que hacerlo. Utiliza un estilo sencillo, muy de la calle, sin palabras extrañas ni complicados juegos de palabras.

También me encanta como se forma el vínculo de amistad con Rick y Dave, sus compañeros de viaje, dos mochileros con los que se encuentra al principio, y que se irán conociendo, entre ellos y a sí mismos, a lo largo de las páginas. Por lo demás, el resto de personajes no están muy desarrollados, vienen y se van, llevándose consigo unas cuantas incógnitas y asuntos sin resolver. 

Subimos y bajamos, una montaña rusa con dos personas mano a mano, levantándose y cayéndose y ocultándose en el humo de los cigarrillos, la estela de humo azul a nuestra espalda.

Además, el libro consigue engancharte, pese a todo. Te enganchas a leer cómo otras personas han hecho cosas que tú jamás te atreverías a hacer, y cómo se han sentido por ello. Yo creo que esta es la razón por la que este libro tiene tanto tirón. Transmite perfectamente esa sensación de "libertad" que debe de dar hacer ciertas locuras, sin necesidad de cometerlas en la vida real.

Ahora bien, pronto me di cuenta de que había algo en este libro que me hacía sentir sumamente incómoda. Al principio, eran detalles muy nimios que me hacían pensar que me estaba volviendo un poquito paranoica, pero, a medida que avanzaba la lectura y la narración se hacía más intensa, también aumentaba esa incomodidad. Y es que el concepto que tiene el autor de libertad no es ni sano ni beneficioso.

Es extraño como algo tan mundano puede imponerse a tantos recuerdos mucho más significativos.

En primer lugar, por los tintes machistas que tiene. Y no son solo unos cuantos comentarios. Al principio, parece que la novia de John es un obstáculo que lo separa de la vida que él desea llevar. Después, la presencia femenina deja bastante que desear. Por un lado, concibe a las mochileras como viajeras de segunda; por otro, las mujeres locales son una atracción más del lugar que visitan, o bien un medio para obtener privilegios. Por supuesto, también hay comentarios homófobos y, en general, discriminatorios bastante desagradables.

Por otra parte, no creo que para llevar una vida libre sea necesario drogarse hasta las cejas, ni que esto sea una experiencia positiva. Tampoco pasar olímpicamente de la familia y mentir. O incluso robar cosas allá por donde pasas. Pero lo que más me ha repugnado ha sido la tolerancia que muestra ante ciertas realidades, tales como la trata de menores. Es como si no se pudiera hacer nada, como si todos los clientes no fueran cómplices, responsables de un gravísimo delito. 



No faltará quien diga que si el autor cuenta su experiencia, cuenta su experiencia, su pasado. De hecho, el final parece algo así como una redención, deja la historia en un punto bonito y emotivo. Pero es que lo hace sin la más mínima autocrítica, como si para encontrarse a uno mismo fuera necesario pasar una temporada actuando como un capullo integral. Puede pareceros radical, pero para mí tanto un libro como una vida pierden bastante valor con estos gestos.


Y hasta aquí la reseña. Como de costumbre, os invito a comentar si habéis leído este libro o algún otro similar, dentro de la literatura de viajes. ¿Os parece tan descabellado lo que digo? Si alguien entre vosotros ha vivido alguna experiencia como mochilero/a, o se lo plantea, estaré especialmente encantada de escuchar vuestra opinión.

¡Hasta pronto, literatómanos!
Todavía no tengo claro si el que está loco soy yo por vivir como vivo, o el resto del mundo por hacerlo como lo hace.
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